Cuando era chica las viejas me daban un poco de miedo. Ahora las busco. Me interesan las mujeres de setenta, ochenta, noventa años que siguen siendo testarudas, raras, divertidas, deseantes. Las que no se dejan convertir en abuelitas de publicidad.La literatura tardó en darles lugar...

Durante años le tuve miedo a la poesía. Me parecía un club al que había que entrar con contraseña. Hasta que una amiga me dijo: leé un poema por noche, en voz baja, como quien reza o como quien habla sola. Probé, y no paré...

Con una hermana no hay presentación posible. Estuvo siempre, desde antes de que yo tuviera palabras para nombrarla, y por eso me conoce de una manera que ningún amor elegido va a conocerme nunca. Sabe cómo lloraba a los seis años. Sabe qué cara pongo...

Nunca me interesaron los libros de recetas y sin embargo me pasé la vida leyendo sobre comida. Creo que porque la cocina es el único lugar de la casa donde las mujeres de mi familia decían la verdad. Con las manos ocupadas, mirando la olla,...

Durante mucho tiempo pensé que un libro serio no podía ser gracioso. Que el humor era lo que uno le agrega a la literatura cuando no tiene nada más profundo para decir. Me llevó años entender que es exactamente al revés: hacer reír es lo...

Hay un tipo de libro que no se recomienda alegremente. Uno los pasa con una advertencia previa, mirando a la otra a los ojos, diciendo: es muy fuerte, fijate cómo estás. Estos cuatro son de esos.Pero los quería juntar igual, porque me parece que hay...

Este mes me puse melancólica y armé un posteo distinto: los libros que me formaron, esos que leí en un momento bisagra y que, cada vez que los releo de grande, me devuelven a la que era y me muestran a la que soy. Crecer...

Me encanta tener miedo cuando el miedo es de mentira. En invierno, con la casa en silencio y un té que se enfría, no hay nada mejor que un libro que te ponga los pelos de punta sin necesidad de fantasmas ni de sangre. El...