02 Nov Escribirle a alguien: cartas y diarios
Hay libros que parecen no estar dirigidos a nadie y otros que se escriben para una sola persona. Los diarios y las cartas tienen eso: son literatura en estado de confesión, hecha sin pensar en el lector. Y justamente por eso se sienten tan cerca. Leer el diario de otra mujer es espiar por una cerradura que la propia autora dejó abierta.
Este mes junté cuatro libros que nacieron de la necesidad de contarle algo a alguien, aunque ese alguien sea un cuaderno. Una amistad por correo entre una escritora de Nueva York y una librería de Londres, una treintañera inglesa llevando la cuenta de sus kilos y sus cigarrillos, una pintora mexicana dibujando su dolor y una adolescente escondida en un altillo de Ámsterdam.
Los leí en distintos momentos, algunos riéndome en voz alta y otros con un nudo en la garganta. Todos me dieron ganas de agarrar una lapicera y escribir. Que te sirva también a vos de excusa para volver al cuaderno.
84 Charing Cross Road
de Helene Hanff
Helene Hanff era una guionista neoyorquina de recursos modestos y gustos muy exigentes: quería ediciones viejas de clásicos que no conseguía en ningún lugar de Estados Unidos. Un día le escribió a una librería de Londres, Marks & Co., en el 84 de Charing Cross Road, y le contestó un empleado llamado Frank Doel. 84 Charing Cross Road reúne esas cartas, que se prolongaron durante veinte años.
Es una de las lecturas más tiernas que conozco. Empieza como un intercambio comercial y se transforma, de a poco, en una amistad entre dos personas que nunca se vieron la cara. Hanff es graciosa, caprichosa, generosa, y su amor por los libros se contagia en cada línea. Para quienes aman las librerías de viejo, la correspondencia y las amistades que se construyen despacio.
El diario de Bridget Jones
de Helen Fielding
Bridget Jones tiene treinta y pico, vive en Londres, fuma de más, toma de más y cuenta todo en su diario: los kilos, las calorías, los cigarrillos, los hombres que no la llaman y los que la llaman cuando no corresponde. Los propósitos de Año Nuevo duran cuatro días, la familia la incomoda, el trabajo es un caos, y en el medio aparece un abogado muy serio que le cae bastante mal. El diario de Bridget Jones es una comedia sobre el miedo a quedarse sola.
Fielding publicó primero fragmentos de este personaje en una columna de un diario inglés, y se nota el ritmo de la entrega semanal. Hay quienes lo desprecian por “chick lit”, y yo les diría que lo relean: es graciosísimo, tiene observación social y una torpeza adorable. A mí me hizo reír fuerte en el colectivo, y a veces eso es todo lo que se le pide a un libro.
El diario de Frida Kahlo
de Frida Kahlo
Frida escribió y dibujó este diario en los últimos diez años de su vida, entre 1944 y 1954, cuando el dolor físico ya la tenía postrada una buena parte del tiempo. Hay textos, poemas en prosa, cartas que no mandó, autorretratos y dibujos que mezclan sueños, cuerpo y política. Se publicó mucho después de su muerte, con una introducción de Carlos Fuentes. El diario de Frida Kahlo es un objeto de arte.
No es una lectura lineal: se hojea, se vuelve atrás, se queda una mirando una página durante mucho rato. Lo que más me conmueve es la mezcla de humor y desesperación, esa capacidad de pasar de una broma a una frase que te corta el aire. Para tener sobre la mesa y abrirlo al azar, como quien consulta un oráculo íntimo.
El diario de Ana Frank
de Ana Frank
Ana empezó a escribir su diario en junio de 1942, el día que cumplió trece años, y lo siguió escribiendo durante dos años en el escondite que su familia y otras personas compartieron en Ámsterdam, en el altillo de un edificio. Le puso nombre a su cuaderno, le contó sus peleas con la madre, su primer amor, sus ganas de ser escritora. El diario de Ana Frank es el retrato de una adolescente llena de vida en el peor de los tiempos.
Lo releí de grande y me sorprendió lo buena escritora que era: observadora, irónica, honesta consigo misma. Lo que más duele es que el diario se interrumpe en agosto de 1944, cuando descubren el escondite. Es uno de esos libros que todas leímos de chicas y que vale la pena volver a leer de grandes, con otra edad y con otra mirada.