21 Oct Poesía para leer en voz baja
Durante años le tuve miedo a la poesía. Me parecía un club al que había que entrar con contraseña. Hasta que una amiga me dijo: leé un poema por noche, en voz baja, como quien reza o como quien habla sola. Probé, y no paré más.
Este posteo no es para especialistas. Es para las que, como yo, buscan en un poema algo parecido a un abrazo o a un cachetazo. Para leer en el colectivo, en la cama, en la sala de espera del médico. La poesía no pide tiempo: pide atención, que es otra cosa.
Elegí cuatro poetas muy distintas. Una argentina que escribió desde el borde de la noche, una polaca que miraba con ironía las cosas chiquitas, una uruguaya que lleva un siglo afinando el lenguaje y una estadounidense que nos enseñó a mirar a un ganso como si fuera un milagro.
Poesía completa
de Alejandra Pizarnik
Pizarnik es nuestra, de Avellaneda, y escribió algunos de los poemas más intensos de la lengua. La Poesía completa que editó Lumen junta todo, desde los primeros libros hasta Árbol de Diana, Los trabajos y las noches y Extracción de la piedra de locura. Poemas cortitos, filosos, que hablan de la noche, del silencio, del miedo y del lenguaje que no alcanza.
Yo la leo de a poco, abriendo al azar, porque es una poesía que pesa. Hay que estar preparada. Pero cuando un poema de Alejandra te encuentra en el momento justo, te ilumina de una manera que nada más logra. Lejos del mito de la poeta maldita, lo que queda es una artesana obsesiva de la palabra exacta.
Paisaje con grano de arena
de Wisława Szymborska
Szymborska ganó el Nobel en 1996 y es la prueba de que la poesía puede ser lúcida, irónica y hasta graciosa sin perder hondura. Paisaje con grano de arena es una antología perfecta para empezar: poemas sobre un gato en un departamento vacío, sobre el amor a primera vista, sobre una cebolla, sobre las cosas que damos por sentadas.
Me gusta porque te hace reír y pensar al mismo tiempo. Mira el mundo con la curiosidad de una científica y la ternura de una abuela. Es la poeta ideal para las que creen que la poesía no es para ellas: la leés y descubrís que se puede escribir sobre lo más simple y decir lo más grande.
Poesía reunida
de Ida Vitale
Ida Vitale nació en Montevideo en 1923, fue parte de la generación del 45, vivió exiliada en México y ganó el Premio Cervantes en 2018. Su Poesía reunida junta décadas de trabajo con una lengua precisa, atenta a las plantas, a los pájaros, a las palabras mismas, como quien las limpia de a una.
Leerla es como mirar por una lupa: todo se vuelve nítido. No hay grandilocuencia, hay una inteligencia luminosa y un humor seco que me encanta. Y me emociona pensar en esta mujer que siguió escribiendo y pensando con una lucidez enorme a una edad en que el mundo suele dejar de escuchar a las mujeres.
Devotions
de Mary Oliver
Mary Oliver ganó el Pulitzer y es una de las poetas más leídas de Estados Unidos. Devotions es la antología que ella misma armó antes de morir, con poemas de toda su vida: sus caminatas por los bosques y las playas de Provincetown, los gansos salvajes, los osos, las garzas, el pasto, la luz de la mañana.
Su poesía es una invitación a prestar atención, y eso, en esta época de pantallas, es casi revolucionario. Es simple y nada ingenua: detrás de cada flor hay una pregunta sobre qué hacemos con nuestra única vida. No está toda traducida, así que si se le animan al inglés, vale la pena tenerla en la mesita de luz.