02 Nov Verano: libros para la reposera
Noviembre en Buenos Aires huele a jazmín, a tilo y a vacaciones que se acercan. Siempre me pasa lo mismo: empiezo a mirar la biblioteca con ojos de playa, de reposera, de tarde larga en el patio. Y busco libros que se dejen leer con el sol en la cara, pero que no sean pura espuma.
Para mí un buen libro de verano tiene que dar placer y tiene que tener un poco de filo. Estos cuatro lo logran: hay un verano de adolescencia que sale mal, cuatro mujeres que se escapan a una villa italiana, una nena y su abuela en una isla y un calor tropical que lo funde todo. Cuatro maneras de entender las vacaciones, el deseo y el tiempo.
Los metí todos en la valija y no me arrepiento. Si este año vas a leer poco, que sea esto.
Buenos días, tristeza
de Françoise Sagan
Cécile tiene diecisiete años y pasa el verano en una casa frente al Mediterráneo con su padre, un viudo seductor y despreocupado, y con la novia de turno. Todo es sol, mar, jugar a ser grande y no tener que hacer nada. Hasta que llega una mujer que quiere ordenar la vida de los dos, y Cécile decide, con la crueldad liviana de la adolescencia, que no lo va a permitir. Buenos días, tristeza es el verano de la chica que cree que todo es un juego.
Sagan la publicó en 1954, cuando tenía dieciocho años, y causó un escándalo. Hoy se lee como una novela pequeña y precisa sobre cómo una decisión liviana puede traer consecuencias enormes. Es de esos libros que terminás en una tarde y que te dejan una tristeza elegante, como el título prometía. Perfecto para leer en la costa, con los pies en la arena.
Abril encantado
de Elizabeth von Arnim
Londres, después de la Primera Guerra, llueve sin parar. Dos mujeres que apenas se conocen, cansadas de sus vidas grises y de maridos que no las miran, ven un aviso en el diario: se alquila un castillo medieval en la costa italiana, para el mes de abril. Deciden irse, buscan a otras dos que paguen la mitad, y llegan a un lugar lleno de glicinas, sol y silencio. Abril encantado es la fantasía de escaparse que todas tuvimos alguna vez.
Von Arnim lo publicó en 1922 y todavía suena fresco, divertido y un poco irónico. Lo que me enamoró es que no pasa nada espectacular: las cuatro mujeres, tan distintas, se van transformando con el sol y con la libertad de no tener que ser útiles para nadie. Es un libro que reconcilia con el placer de tomarse un descanso, y ojalá lo leas en uno propio.
El libro del verano
de Tove Jansson
Sofía es una nena que pasa el verano en una isla diminuta del golfo de Finlandia con su abuela y con su papá, que casi nunca aparece. Juegan, se pelean, construyen cosas, inventan teorías sobre Dios y sobre los gusanos, hablan de la muerte con una naturalidad que me dejó boquiabierta. El libro del verano está armado como una serie de escenas breves, y en cada una pasa algo pequeño y enorme.
Jansson es la misma autora que creó a los Mumin, y se nota esa mirada tierna y rara que tiene para los chicos y para los viejos. Es un libro que cualquier persona puede leer en un día y que cualquier persona va a releer cada tanto, sobre todo cuando necesite recordar qué significa pasar un verano de verdad. Una pequeña obra maestra, escrita sin una sola palabra de más.
El amante
de Marguerite Duras
En la Indochina francesa de los años treinta, una adolescente cruza el Mekong en un transbordador, y ese cruce le cambia la vida. Viene de una familia blanca y arruinada, con una madre desesperada y un hermano violento, y su relación con un hombre chino mucho mayor y muy rico termina atravesada por el dinero, la vergüenza y el racismo de la colonia. El amante es el libro en el que Duras, ya grande, vuelve sobre esa chica que fue para mirarla de frente.
Duras publicó este libro en 1984, con setenta años, y ganó el Goncourt. Escribe en fragmentos, saltando de un tiempo a otro, con una música de frases cortas que se te meten en la cabeza. A mí lo que más me impresiona es la familia: esa madre, ese hermano, ese río, ese calor que no da respiro. Es un libro sobre la memoria y sobre lo que una hace con lo que le pasó de chica, y uno de los más lúcidos que conozco sobre el poder y el dinero. Se lee en una tarde y queda dando vueltas todo el verano.