21 Oct Las viejas que quiero ser
Cuando era chica las viejas me daban un poco de miedo. Ahora las busco. Me interesan las mujeres de setenta, ochenta, noventa años que siguen siendo testarudas, raras, divertidas, deseantes. Las que no se dejan convertir en abuelitas de publicidad.
La literatura tardó en darles lugar a las viejas como protagonistas, y casi siempre las puso de costado: la abuela que cocina, la tía que molesta. Estos libros hacen lo contrario. Ponen en el centro a mujeres mayores con una vida interior enorme, con rabia, con humor, con secretos.
Cuatro libros para pensar el envejecer sin solemnidad. Una vieja que investiga crímenes en la frontera polaca, una profesora jubilada de mal carácter en Maine, una nonagenaria surrealista que se escapa de un asilo y una amiga que pierde la memoria mientras otra la escribe.
Sobre los huesos de los muertos
de Olga Tokarczuk
Janina Duszejko es una profesora de inglés jubilada que vive en una meseta helada en la frontera entre Polonia y la República Checa. Cree en la astrología, traduce a William Blake con un ex alumno, prefiere a los animales antes que a las personas. Y un invierno empiezan a aparecer cazadores muertos. Sobre los huesos de los muertos es un policial, pero sobre todo es ella.
Tokarczuk, que ganó el Nobel en 2018, construyó una de las narradoras más originales que leí en años: excéntrica, furiosa, graciosísima, a la que todos subestiman por ser una vieja rara. Es una novela sobre la justicia, sobre los animales, sobre lo que el pueblo decide no ver. La terminé y quise mudarme con Janina.
Olive Kitteridge
de Elizabeth Strout
Olive es una profesora de matemáticas jubilada en un pueblito de Maine: grandota, brusca, mandona, capaz de una crueldad enorme y de una ternura que aparece cuando menos la esperás. Olive Kitteridge son trece relatos donde a veces es protagonista y a veces apenas pasa por el fondo, y así se va armando su vida entera.
Strout ganó el Pulitzer con este libro y se entiende: nadie escribe mejor las vidas comunes, los matrimonios largos, la soledad de los pueblos. Olive no es simpática y por eso mismo es inolvidable. Me reconocí en ella más de lo que quisiera, y me encantó que una mujer mayor pueda ser tan complicada como cualquier heroína joven.
La trompetilla acústica
de Leonora Carrington
Marian Leatherby tiene noventa y dos años, una barba incipiente y una amiga que le regala una trompetilla para oír mejor. Gracias a eso descubre que su familia piensa mandarla a un asilo. Y ahí empieza el delirio: una residencia extrañísima, un cuadro de una monja que guiña el ojo, una conspiración y una búsqueda del Grial. La trompetilla acústica es pura libertad.
Carrington, la misma pintora del posteo de arte, escribió esta novela surrealista y divertidísima donde las viejas son las heroínas que salvan el mundo. Es feminista, absurda, mágica, y tiene una energía que ya quisiera yo a los treinta. La recomiendo a todas las que necesiten reírse un rato del miedo a envejecer.
Desarticulaciones
de Sylvia Molloy
Molloy, una de las grandes escritoras argentinas, cuenta en fragmentos breves sus visitas a M. L., una amiga de toda la vida que va perdiendo la memoria. Desarticulaciones es eso: lo que queda de una persona cuando se le van los recuerdos, y qué pasa con la amistad cuando una de las dos ya no puede recordar la historia compartida.
Es un libro chiquito y devastador, pero nunca lacrimógeno. Molloy observa con una lucidez y un humor sutil que sostienen todo, y se pregunta por el lenguaje, por la identidad, por quién soy yo si ya nadie me recuerda. Lo leí en una sentada y después llamé a mi amiga más vieja solo para escucharle la voz.