Irse: viaje, migración, la lengua ajena

Todas tenemos una fantasía de irnos. A veces es literal, la valija y el aeropuerto, y a veces es más callada: irse de un idioma, de una familia, de una versión de una misma que ya no alcanza. Estos libros hablan de eso, del desarraigo como estado del alma.

Me atraen las escritoras que se movieron, que vivieron entre lenguas, que escribieron desde el borde de pertenecer y no pertenecer. Hay una lucidez especial en la que mira su propia cultura desde afuera, como quien vuelve al barrio después de años y ve todo raro.

Son cuatro maneras de contar el irse: la que investiga sus raíces, la que cambia de idioma a propósito, la que viaja y escucha, la que cronica el mundo con ojo de forastera. Para leer con ganas de partir.

Huaco retrato

de Gabriela Wiener

Wiener es peruana y vive en España, y en Huaco retrato se mete con su propio tatarabuelo, un explorador austríaco que saqueó piezas precolombinas. A partir de ahí desarma todo: el colonialismo, el racismo, su lugar como migrante y como mujer con la piel que tiene.

Es un libro incomódo y valiente, que mezcla lo personal con lo político sin bajar línea. Wiener se expone entera, con sus celos y sus contradicciones. Salí distinta de esta lectura, pensando en de qué están hechos los apellidos.

En otras palabras

de Jhumpa Lahiri

Lahiri es hija de indios, nació en Londres, se hizo escritora en inglés en Estados Unidos, y un día decidió aprender italiano y escribir solo en ese idioma. En otras palabras es el diario de esa mudanza lingüística, de elegir la lengua en la que una quiere existir.

Me emocionó porque habla de algo que todas sentimos alguna vez: las ganas de empezar de nuevo, de ser otra, de balbucear como una nena y encontrar ahí una libertad. Es breve, honesto y raro, escrito desde la intemperie de un idioma prestado.

A contraluz

de Rachel Cusk

Cusk hizo algo rarísimo en A contraluz: una novela donde la narradora casi desaparece y solo escuchamos a la gente que le habla, en un viaje a Atenas a dar un taller de escritura. Cada conversación es un retrato ajeno que, de refilón, la dibuja a ella.

Es hipnótico. Una mujer separada, en tránsito, que se vacía para llenarse de las historias de los otros. Me hizo pensar en cuánto de lo que somos es en realidad lo que escuchamos. Inteligentísima y de una frialdad hermosa.

Animales

de Hebe Uhart

Uhart es de lo más querible de nuestra literatura. En Animales junta sus observaciones de bichos, de gansos y gallinas y perros y ranas, con esa mirada suya curiosa y ladeada que convierte cualquier cosa en una pequeña maravilla. Uhart viajaba y miraba, y de ahí sacó todo.

La incluyo en este grupo porque fue una viajera crónica, una que se iba a los pueblos a escuchar cómo habla la gente. Leerla es aprender a prestar atención. Sus animales son un pretexto para hablarnos, con humor y sin solemnidad, de estar vivos.