10 Jun Locuras nuestras: salud mental y el costo de ser mujer
Hubo un año entero en el que no podía dormir. Otro en el que no podía parar de dormir. Mi mejor amiga, la más feroz, la más capaz, estuvo internada tres semanas en un hospital de día y nunca lo contamos en una reunión familiar. La salud mental de las mujeres jóvenes es un campo que arde sin que nadie le ponga nombre.
Elegí cuatro libros que no romantizan la locura ni la convierten en marketing. Plath, Kaysen, Meruane, Ojeda: cada una mete el cuerpo en un tipo distinto de derrumbe. La depresión clásica. La internación psiquiátrica. La enfermedad orgánica que se confunde con desquiciamiento. La obsesión adolescente que arrastra.
Las leí en distintos momentos y todos me hicieron sentir menos sola. No es poco. A veces es lo único que pedimos a un libro.
La campana de cristal
de Sylvia Plath
Esther Greenwood llega a Nueva York con una beca de revista de moda. Tiene diecinueve años, una belleza correcta, expectativas familiares enormes. Pero por debajo de todo eso algo se está rompiendo. Cuando vuelve a su casa de Boston empieza la espiral: el insomnio, los electroshocks, la internación, los intentos. Plath escribió La campana de cristal un año antes de suicidarse, y la novela publica el mes en que muere.
Es un libro que da miedo precisamente porque no es exagerado. Plath cuenta la depresión de una mujer joven inteligente con la misma fluidez con la que cuenta una cena. La campana baja, encierra, deforma todo. Yo lo leí con veintidós años y me acompañó mucho. Lo vuelvo a abrir cuando alguna amiga me dice que no puede salir de la cama, y reencuentro la honestidad rabiosa con la que Plath escribió.
Inocencia interrumpida
de Susanna Kaysen
Susanna tenía dieciocho años, una entrevista de veinte minutos con un psiquiatra, y terminó firmando un papel que la internaba en McLean, el mismo hospital donde estuvo Plath, donde estuvo Lowell. Pasó casi dos años ahí con un diagnóstico de trastorno límite. Inocencia interrumpida son fragmentos: el reglamento del hospital, las amigas locas, los médicos vagos, las cartas, los pensamientos sobre el tiempo y la cordura.
Lo que me gusta de Kaysen es que no se victimiza ni se reivindica como rebelde. Cuenta. Y al contar muestra el dispositivo, cómo se le pega a una mujer joven el cartel de loca con qué facilidad. Lo leí dos veces seguidas y me quedé pensando en cuántas amigas habrían firmado ese mismo papel sin entender qué firmaban. La traducción de Big Sur es preciosa.
Sangre en el ojo
de Lina Meruane
Lina es chilena, vive en Nueva York con su novio, hace su doctorado, es escritora joven prometedora. Y de pronto, una noche en una fiesta, las venas del ojo se le explotan. Pierde la vista. La novela cuenta la espera de una cirugía en el hospital y el viaje a Santiago para que la cuide su familia. Meruane mete el cuerpo enfermo en cada párrafo: la furia, la dependencia, la rabia con la madre, el cuerpo del novio que no aguanta el peso del cuidado.
Leí Sangre en el ojo en una mudanza, con cajas alrededor, y me dejó un eco que duró semanas. Es un libro corto, intenso, casi furioso. Habla de salud, de fragilidad, de qué pasa cuando una mujer joven y autónoma se transforma de la noche a la mañana en alguien que necesita ser cuidada. Meruane no busca consuelo. Busca verdad.
Mandíbula
de Mónica Ojeda
Un colegio de monjas en Guayaquil. Un grupo de adolescentes ricas que juegan a creep, intercambian creepypastas en Internet, idolatran a su profesora de literatura, idolatran a una de ellas que se vuelve líder oscura. Una secuestrada. Una hija obsesionada. Una madre que no sabe qué le pasa a su hija. Ojeda toma todos los tópicos del género del terror y los pasa por el filtro de la amistad adolescente femenina, que ya de por sí es bastante gótica.
Lo que más me impactó de Mandíbula es cómo escribe sobre la salud mental de las nenas que ya no son nenas. La obsesión, el control, el deseo entre amigas, la culpa, la religión. La leí en dos noches, con la luz prendida. Ojeda es de las voces más electrizantes que están escribiendo hoy en castellano. Y este libro lo demuestra con creces.