Maternidades raras: las madres que no sabíamos cómo ser

Hubo un momento, en algún café de Palermo, en el que dejé de creer en la maternidad como destino. Me lo confesó una amiga que volvía de su segundo aborto silencioso, y me lo dije a mí misma una madrugada, mirando el techo, después de discutir con mi madre por entiésima vez. La maternidad —la propia, la heredada, la rechazada, la postergada— nos ronda como una sombra dulce y a veces filosa.

Estos cuatro libros piensan eso que ninguna abuela nos enseñó a nombrar: la duda. La duda de la mujer que se queda embarazada cuando no quería, la de la madre que se aburre, la de la que cuida y se pierde, la de la que decide no tener hijos y carga, igual, con todas las maternidades del mundo.

Los leí en cuatro tardes distintas y los cuatro me dejaron temblando. No vienen a darnos lecciones. Vienen a hacernos compañía en la trinchera más honda de la pregunta.

La hija única

de Guadalupe Nettel

Laura decidió no ser madre y se lo bancó con calma feliz. Su amiga Alina decidió serlo y la vida le devolvió una respuesta atroz: su hija nacerá sin posibilidad de vivir más que unos días. Entre las dos amigas, entre la vecina del piso de arriba y su hijo difícil, entre los pichones que caen del nido en el patio, Nettel arma un mapa luminoso y feroz de todas las formas posibles de cuidar a alguien que tal vez no llegue.

Leí La hija única en una sola tarde, en la cama, llorando bajito para no molestar a nadie. Es de esos libros que me dejaron pensando que la maternidad no es un estado: es una práctica, y se puede ejercer hacia muchos lados. Hacia los vecinos, hacia las amigas que se hunden, hacia los animales rotos que nos cruza la vida. Nettel escribe sin sentimentalismo y por eso emociona tanto.

Línea nigra

de Jazmina Barrera

Estaba embarazada de su primer hijo cuando un terremoto sacudió Ciudad de México. Mientras la panza crecía, Jazmina escribía este cuaderno que mezcla notas de lectura, fragmentos diaristas, autorretratos, ensayos breves sobre maternidad y arte. Cada fragmento es una sacudida pequeña y todos juntos arman algo nuevo: un libro hecho del modo en que pensamos cuando estamos cansadas, fragmentado, asociativo, hambriento.

Lo que más me gustó de Línea nigra es que Barrera no romantiza el embarazo ni lo demoniza. Lo mira de cerca, con la curiosidad de una ensayista. Habla de la línea oscura que cruza la panza embarazada, de las pintoras que se autorretrataron preñadas, de los miedos en plena noche. Lo leí en un fin de semana lluvioso y todo el tiempo pensaba en las amigas que están por ser madres, y en las que no quieren, y en mí misma, que sigo sin decidir.

Los abismos

de Pilar Quintana

Una nena de ocho años, Claudia, mira a su madre. La madre está deprimida, hermosa, trágica, lejana. Vive entre plantas tropicales y vasos de whisky y silencios que duran días. La nena la mira, la quiere, la teme, intenta salvarla. Quintana, que ya nos había partido el corazón con La perra, vuelve aquí a la materia que mejor maneja: la maternidad opaca, la maternidad que no llega, la mujer que tuvo hijos sin saber para qué.

Leí Los abismos de tirón, una tarde de domingo, encerrada. Es Premio Alfaguara 2021 y se entiende por qué: hay una claridad terrible en el modo en que escribe sobre la depresión materna desde la mirada de una nena que la registra todo. Me recordó tardes propias, sentada en la cocina, esperando que mi madre saliera de su cuarto. Es un libro brutal y delicado a la vez.

Mugre rosa

de Fernanda Trías

En un Montevideo apocalíptico donde el aire se volvió tóxico y la comida es una pasta rosa procesada, una mujer cuida a Mauro, un nene con un síndrome raro que lo obliga a comer todo el tiempo. No es su hijo. Es un trabajo. Pero algo entre ellos —el cuerpo del nene, la rutina, el espacio cerrado— arma un vínculo materno a contramano. Mientras tanto, la protagonista intenta entender por qué ella misma no quiso ser madre, y por qué sigue cuidando.

Lo que me gusta de Trías es cómo construye atmósferas. Mugre rosa es una novela del fin del mundo pero todo el tiempo está hablando de vínculos chicos: el ex marido que se queda, la madre que enferma, el nene que come. Es un libro que me dejó el cuerpo raro varios días. Y se llevó el Premio Sor Juana 2021, lo cual no es poco.