20 May El cuerpo que arde: deseo, embarazo, enfermedad
Durante mucho tiempo creí que tenía un cuerpo cualquiera. Una pierna, otra pierna, el habitual aparato digestivo, una cabeza que pensaba demasiado y un corazón que no era ningún misterio. Después empecé a leer a estas autoras y entendí que no, que el cuerpo de mujer es un acontecimiento. Pasan cosas adentro. Pasan cosas afuera. Hay decisiones que se toman por la vereda de adentro de la piel y que ningún terapeuta puede del todo explicar.
Estos cuatro libros tratan al cuerpo femenino como territorio. Territorio de pasión, de enfermedad, de embarazo, de transformación radical. Ninguno es cómodo. Tres son cortos y uno es muy raro. Todos tienen escenas que vas a recordar como si te hubieran pasado.
Los junto porque me parece que dialogan: Ernaux con el deseo como obsesión, Han Kang con la rebelión silenciosa contra la carne, Schweblin con la maternidad como contagio, Venturini con el cuerpo como vergüenza heredada. Son cuatro maneras distintas de decir lo mismo: el cuerpo no es de una sola, el cuerpo es también el mundo que entra y sale por él.
Pura pasión
de Annie Ernaux
Otra vez Ernaux, lo sé. Pero Pura pasión es un libro de cuarenta páginas que cualquier mujer que haya estado obsesionada con alguien tiene que leer. Es la crónica seca, casi entomológica, de una pasión por un hombre casado: las horas esperando una llamada, la incapacidad de leer otra cosa que no sea sobre él, la disolución del mundo afuera. Ernaux no se justifica, no se disculpa, no romantiza. Anota.
Lo más perturbador es la prosa: cero literaria, cero adornada, como un informe médico de su propio cuerpo dependiente. Yo creo que ese libro me curó de algunas tonterías, y al mismo tiempo me hizo entender la magnitud de tonterías de las que es capaz una mujer adulta cuando el deseo se le instala. No es un manual; es un espejo. A veces uno necesita un espejo así.
La vegetariana
de Han Kang
Una mañana, Yeong-hye decide que no va a comer más carne. Después decide que no va a comer casi nada. Después empieza a creer que es un árbol. La vegetariana es una novela coreana en tres partes, contadas desde la perspectiva del marido, del cuñado y de la hermana — nunca desde la suya. Esa elección formal es brutal: el cuerpo de Yeong-hye es el centro de todo y al mismo tiempo es lo único que no podemos escuchar.
Es un libro sobre la rebelión silenciosa del cuerpo femenino contra todo lo que se le pide: comer, reproducirse, sostener una familia, ser visible y deseable en su justa medida. Han Kang ganó el Nobel en 2024 y este es su libro más conocido, pero también el más difícil de digerir. Yo lo leí en tres noches y dormí mal las tres. Es un libro que entra y se queda.
Distancia de rescate
de Samanta Schweblin
Schweblin escribe una novela que parece un cuento largo: una mujer está acostada en una clínica rural argentina, un chico al lado le hace preguntas, ella tiene que recordar exactamente qué pasó. Distancia de rescate es sobre madres e hijos, sobre agroquímicos, sobre el cuerpo de los chicos que se contamina con lo que las madres no pueden controlar.
La frase del título es una frase real, una que usan las madres: la distancia de rescate es la que separa a una madre de su hijo pequeño, la que se calcula instintivamente para llegar a tiempo si pasa algo. Schweblin la convierte en metáfora de todo: del cuidado materno, del miedo, de la imposibilidad. Si sos madre, te va a doler. Si no, te va a entrar igual por algún costado: todas tenemos un cuerpo que ha sido medido por la distancia de rescate de alguien.
Las primas
de Aurora Venturini
Venturini publicó esta novela a los ochenta y cinco años y ganó un premio en Página/12. Las primas está narrada por Yuna, una chica con discapacidad cognitiva que vive con una familia llena de cuerpos descartados: una hermana en silla de ruedas que va perdiendo extremidades, primas con vidas trágicas, una madre violenta. La sintaxis de Yuna es ortográficamente caótica y por eso mismo demoledora.
Hay algo muy argentino en este libro: la pobreza, la vergüenza, las taras que se hablan en voz baja en los almuerzos familiares. Y hay algo muy femenino: los cuerpos no normativos, los cuerpos que las familias esconden, los cuerpos que paren cuerpos parecidos. Venturini escribió como pensaba, sin filtro, y por eso este libro late distinto. Es corto, raro, y se queda con uno mucho tiempo después de cerrarlo.